La Epidemia del temor.
Constituye el temor el más mortal de los pensamientos del ser humano. Desmoraliza el carácter, anula todo anhelo, suscita la enfermedad, enturbia la felicidad y traba el alcance del éxito. El temor no posee la mínima cualidad estimable.
Todo es maligno en el temor. Reconocen en la actualidad los fisiólogos que el temor torna más pobre la sangre al dificultar la asimilación de los alimentos al menguar la nutrición del organismo. Hace flaquear la vitalidad física y mental; disminuye cualquier elemento de triunfo. El temor trae fatales consecuencias para los sueños juveniles y es el acompañamiento más terrible de la vejez.
El escritor Horace Fletcher dijo del temor: Es el temor en el ambiente mental lo que el anhídrido carbónico en la atmósfera, pues provoca la asfixia mental, moral y espiritual, y en ciertas ocasiones la muerte de toda energía y la paralización de todo crecimiento orgánico y de toda prosperidad personal.
Desde que nacemos estamos expuestos a un constante pre acondicionamiento al temor, se nos enseña a temer a los insectos, las enfermedades, a lo desconocido, al preguntar, a no ser querido/a, etc. De allí que veamos adultos llenos de verdadero pavor, saturados de fobias realmente absurdas pero terriblemente neutralizantes.
El temor hoy día a adquirido la dimensión de verdadera pandemia mundial; las salas de hospitales psiquiátricos, oficinas de terapeutas, consejeros espirituales se ven abarrotados de gente que buscan salir de las garras del temor; los medios de comunicación ponen su grano de arena y las condiciones sociales reinantes parecieran dar la sustentación necesaria para que estos temores se hagan presente.
Una familia donde el temor es un estilo de vida, donde alguno de los miembros vive agobiado por el temor, es una familia disfuncional, es una familia donde los problemas y conflictos están a la orden del día, los temores nos hacen callar cuando debemos hablar, hablar cuando deberíamos guardar silencio y omitir actos y momentos que podrían alegrar nuestra familia, desesperándonos y angustiándonos ante las mas mínimas situaciones; eclipsando así el sol esplendoroso de la alegría y de su felicidad.
Resulta interesante la observación de como las emociones de cualquier índole se asemejan a los colores en la gradación de los matices que resulta de la amplitud e intensidad diversas de las anímicas vibraciones.
Si procedemos el análisis de la emoción del temor advertiremos que de acuerdo con el estado de ánimo suscitado por la sensación captada o por la idea imaginada, brinda las gradaciones o los matices de inquietud, recelo, alarma, miedo, horror, terror y espanto.
Debemos aprender que el temor es fruto del desconocimiento, la inseguridad y la falta de fe, las heridas causadas en el pasado y los traumas del presente pueden dejar en nosotros marcas de miedo que nos acompañan, hasta que tenemos a disposición y la valentía de enfrentarlos.
Para poder deshacernos del temor hemos de acudir a la fuente mas gloriosa de valor, la Palabra de Dios, debemos reconocer y compartir esos temores, además tenemos que confrontar nuestros temores y vencerlos con la seguridad de las armas que poseemos como hijos e hijas de un Dios de valor y poder.