Cuidado con las zorritas electrónicas.

Los teléfonos celulares y la Internet son algunos de los grandes (y buenos) inventos diseñados para hacer "más fácil" la vida. Es imposible negar su eficacia, pero también es erróneo soslayar su injerencia negativa en la vida interna de las personas. No es la tecnología la culpable, sino el uso que le damos y el sometimiento que nos hace que aceptemos sus dictados sin siquiera cuestionar. Lentamente nos hemos convertido en Homo urbanus. Con tozudez y contumacia hemos destruido el mundo natural y pronto acabaremos con el mundo interno del ser humano.
Este párrafo tomado del articulo el fin de la intimidad de Arnold Kraus quizás sirva para introducirnos en este tema; no podemos convertirnos en seres aislados de nuestra realidad social y tecnológica, tampoco podemos negarnos a maximizar nuestro potencial usando los avances de la ciencia, pero si podemos mantenernos alerta y vigilantes ante la dependencia que puede generarse con el uso de estos mecanismos modernos.
También podemos y debemos autoevaluarnos constantemente, ante la perdida de intimidad, descanso y comunicación con personas cercanas; y esto parece una paradoja, pero la realidad es que muchas veces el celular que tan útil es para ser contactados y para contactar se convierte en un aislante de aquellos que nos rodean, también es común ver, cada día con mayor frecuencia como una charla entre esposos o padres e hijos, es interrumpida por el odioso sonido del celular, y que decir de esa llamada que interrumpe el descanso nocturno por que su dueño no sabe usar el botón de apagar.
El escritor bíblico nos dice de forma muy sabia, que todo tiene su tiempo debajo del sol, tiempo de hablar y tiempo de callar; pero pareciese que la tecnología fuera superior a nuestra capacidad de usarla con moderación y sabiduría; todos los días vemos como mas y mas matrimonios son afectados por esas pequeñas zorritas tecnológicas, ¿pero será la culpa del mecanismo tecnológico o del usuario que se somete al designio de las circunstancias creadas? ¿Cuántas veces maldecimos al celular por el problema creado, cuando la realidad es que fue nuestra intemperancia y falta de control la que nos llevo al problema.
Finanzas en desajuste, amistades peligrosas, intimidad electrónica y perdida de los buenos modales son solo algunas de las situaciones que a diario introducen en el plantío de nuestra vida familiar, estas pequeñas pero terribles zorritas electrónicas, las cuales deben ser cazadas con urgencia. No se trata de vivir en la edad de piedra, pero tampoco se trata de ser un adicto a la tecnología, se trata de usar sabiamente los adelantos y no que los adelantos nos usen a nosotros; se trata de ser modernos y no de que la modernidad nos haga olvidar los valores y principios del pasado, por que no todo lo antiguo es inútil y no todo lo nuevo sirve para unir, el que es vencido por alguno se hace esclavo del que le venció.

Pastor Aquiles Fuenmayor
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La Epidemia del temor.

Constituye el temor el más mortal de los pensamientos del ser humano. Desmoraliza el carácter, anula todo anhelo, suscita la enfermedad, enturbia la felicidad y traba el alcance del éxito. El temor no posee la mínima cualidad estimable.

Todo es maligno en el temor. Reconocen en la actualidad los fisiólogos que el temor torna más pobre la sangre al dificultar la asimilación de los alimentos al menguar la nutrición del organismo. Hace flaquear la vitalidad física y mental; disminuye cualquier elemento de triunfo. El temor trae fatales consecuencias para los sueños juveniles y es el acompañamiento más terrible de la vejez.

El escritor Horace Fletcher dijo del temor: Es el temor en el ambiente mental lo que el anhídrido carbónico en la atmósfera, pues provoca la asfixia mental, moral y espiritual, y en ciertas ocasiones la muerte de toda energía y la paralización de todo crecimiento orgánico y de toda prosperidad personal.

Desde que nacemos estamos expuestos a un constante pre acondicionamiento al temor, se nos enseña a temer a los insectos, las enfermedades, a lo desconocido, al preguntar, a no ser querido/a, etc. De allí que veamos adultos llenos de verdadero pavor, saturados de fobias realmente absurdas pero terriblemente neutralizantes.

El temor hoy día a adquirido la dimensión de verdadera pandemia mundial; las salas de hospitales psiquiátricos, oficinas de terapeutas, consejeros espirituales se ven abarrotados de gente que buscan salir de las garras del temor; los medios de comunicación ponen su grano de arena y las condiciones sociales reinantes parecieran dar la sustentación necesaria para que estos temores se hagan presente.

Una familia donde el temor es un estilo de vida, donde alguno de los miembros vive agobiado por el temor, es una familia disfuncional, es una familia donde los problemas y conflictos están a la orden del día, los temores nos hacen callar cuando debemos hablar, hablar cuando deberíamos guardar silencio y omitir actos y momentos que podrían alegrar nuestra familia, desesperándonos y angustiándonos ante las mas mínimas situaciones; eclipsando así el sol esplendoroso de la alegría y de su felicidad.

Resulta interesante la observación de como las emociones de cualquier índole se asemejan a los colores en la gradación de los matices que resulta de la amplitud e intensidad diversas de las anímicas vibraciones.

Si procedemos el análisis de la emoción del temor advertiremos que de acuerdo con el estado de ánimo suscitado por la sensación captada o por la idea imaginada, brinda las gradaciones o los matices de inquietud, recelo, alarma, miedo, horror, terror y espanto.

Debemos aprender que el temor es fruto del desconocimiento, la inseguridad y la falta de fe, las heridas causadas en el pasado y los traumas del presente pueden dejar en nosotros marcas de miedo que nos acompañan, hasta que tenemos a disposición y la valentía de enfrentarlos.

Para poder deshacernos del temor hemos de acudir a la fuente mas gloriosa de valor, la Palabra de Dios, debemos reconocer y compartir esos temores, además tenemos que confrontar nuestros temores y vencerlos con la seguridad de las armas que poseemos como hijos e hijas de un Dios de valor y poder.
Dios Habla Hoy.


Navidad: Diversión, alegría, tensión o melancolía

Para la mayoría de las personas, la navidad es una época de regocijo, paz y tranquilidad, pero para otros resulta un tiempo de estrés, depresión y ansiedad. Los centros comerciales repletos de personas, largas filas en bancos y carreteras, además del sin fin de exigencias económicas que sin duda ponen en peligro el verdadero espíritu navideño.

La Navidad, para algunas personas, no resulta ser precisamente la celebración más esperadas del año, debido a estos factores que incrementan el malestar. Tomemos el caso de personas que hayan sufrido el fallecimiento o desaparición de un ser querido, la distancia -física o emocional- entre los miembros de una familia, el divorcio, las expectativas insatisfechas, los problemas económicos, la soledad, o simplemente, los malos recuerdos -entre otras causas- pueden resultar genuinos obstáculos a la hora de compartir el aire festivo de la temporada y, por el contrario, incrementar su soledad, depresión o angustias.

¿Por qué aumenta la susceptibilidad en diciembre? "El fin de un año constituye figuradamente el cierre de un ciclo más dentro de la vida y, en consecuencia, en este mes se estila hacer, de forma consciente o inconsciente, una evaluación de los éxitos y fracasos obtenidos; este es un balance que aun sin proponérnoslo realizamos.

Los resultados de este balance generalmente no son favorables y es entonces cuando se hace latente el riesgo de deprimirse. Por lo general, este tipo de fenómeno está acompañado por una constante evocación del pasado, bajo la idea de que 'todo tiempo anterior fue mejor". La baja autoestima también suele estar involucrada en ello ya que al ser la Navidad un tiempo de alegría, algunas personas se sienten culpables o no merecedoras de ese júbilo, por lo cual tienden a evadirlo dándole más relevancia a sus problemas. Muchas presentan un mayor grado de vulnerabilidad para caer en vicios como la drogadicción o el alcoholismo, e incluso considerar salidas extremas como el suicidio.

El psicólogo español Carlos Rodríguez Sutil explica que la Navidad es una festividad que significa una vuelta a la infancia y a la familia, y que siempre produce algo de depresión y nerviosismo. Esta es una fiesta que celebra los lazos de amistad, de familia, de comunidad. Y estos lazos son cada día más débiles.

No es sólo que esta festividad haya dejado de despertar el júbilo de años atrás. Es el concepto mismo de Navidad lo que ha cambiado. Esta fiesta es cada vez menos representativa de la verdad espiritual del plan de redención y cada vez más y más comercial.
Gastar en exceso, aumentar el trabajo, tristes recuerdos, soledad, melancolía, confrontación con el balance de nuestra vida al cerrar un ciclo; son algunas de las razones que hacen que esta época se convierta en una de estrés, angustia y hasta depresión; no permitas que en ti hagan mella estas condiciones, recuerda que la verdad bíblica aun esta vigente, aprende a vivir mas allá de las circunstancias recibe la buena noticia que en si nos trae la navidad.